Un fuerte movimiento lo despertó, se sentó en su cama inmediatamente. Temblaba, esperó que pasara, pero esto no ocurría. Seguía temblando, cada segundo más fuerte. La puerta de su habitación se abrió de golpe y pudo ver la luz del pasillo, pero en instantes esta desapareció. Se intento levantar pero el movimiento era demasiado intenso. Se empezaron a caer las cosas que tenía en la cocina, escuchaba la quebrazón de platos. No sentía miedo, quizás algo de resignación. Pensó en Antonia, en todo lo que no había logrado con ella. Momentos después todo pasó. Intentó prender la luz pero no había, luego buscó ropa, se vistió rápidamente con lo primero que encontró. Echó una linterna, un poco de ropa, una linterna y sus documentos en una mochila. Salió rápidamente dejando bien cerrado.
Corrió por las calles, su único pensamiento era Antonia. No quería pensar en que algo malo le hubiese pasado, no se lo hubiese perdonado por no estar ahí. Avanzaba lo más rápido que podía por calles completamente oscuras, solamente iluminadas por la luz de la luna llena. Corría entre personas con ataques de pánico, entre llano y desesperación, pero no tenía tiempo de pensar en ello.
Cuando llego frente a la casa de Anto, vio tenue luz al interior y su casa se veía bien. Tocó a la puerta y salió ella, pudo ver las velas que iluminaban la casa, la abrazó con toda su fuerza como si se fuese a ir. La tranquilidad lo invadió.
- Tranquilo Andrés todo está bien.
- Lo sé, ahora todo está bien, necesitaba saber de ti.
- Y yo te ti.
Antonia lo invitó a entrar, la noche se estaba tornando fría.
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