Para Gabriela
No eran sus barrios y tenía miedo, de hecho nunca había andado por ahí. Las estrellas y oscuras callejuelas daban a solares inmundos, llenos de desperdicios y otros elementos imposibles de identificar.
Siguió caminando buscando a un tal Edmundo, preguntaba a personas que debían ser asesinos, violadores o algo peor. Todos estaban marcados, tatuados, con cicatrices y llagas. Llegó hasta una casa en la que supuestamente debía encontrarse Edmundo, el lugar parecía caerse a pedazos, las ratas arrastraban por todos lados. Caminó un poco más y le habló al primer tipo que encontró:
- Hola, busco a Edmundo.
- Edmundo no está para niñitos como tú, solo para hombres.
- ¡Necesito hablar con él ahora! – la voz de Andrés se tornó extrañamente más fuerte.
- No tratí de ponerte choro con nosotros niño – mientras decía eso el tipo levantó un poco su camisa dejando ver una pistola y un cuchillo.
- Eso necesito yo, una pistola, Edmundo me puede vender una, eso me dijeron.
- Así es, pero tú eres un niñito, los niños no juegan con esto.
- ¡No soy un niño! – gritó y tomó al tipo por el cuello de la camisa.
- Eso quería de ti niño, sube por la escalera y entra a la primera puerta a la derecha – le dijo indicando hacia una casa cercana.
Andrés subió tranquilamente, aunque algo asustado y tocó a la puerta.
- ¿Edmundo?
- Sí, pasa.
Andrés entró y caminó hacía un sillón donde un tipo de pelo cano y piel oscura se encontraba sentado.
- Espera ahí, no avances un paso más – una voz profunda y casi solemne salió de ese tipo que debía ser Edmundo.
- Vengo por una… - no alcanzó a terminar y lo interrumpieron.
- Yo sé a lo que vienes, todos vienen por lo mismo, pero no todos obtienen lo que quieren, y creo que tú serás de los que no lo obtienen.
- ¿Por qué?
- Porque no tienes las agallas para jalar el gatillo, porque el miedo te aflora por los poros y se refleja en tus ojos.
- ¡Yo si puedo!
- ¡Mentira! – el grito pareció acallar todo el entorno.
Edmundo se paró y se acercó a Andrés, puso una pistola en su mano y lo hizo apuntarle al pecho.
- Aprieta el gatillo y mátame.
- Pero… no tengo motivos para hacerlo.
- ¿Necesitas motivos?, es solo una bala, una vida. Es un juego no se necesitan motivos.
- ¿Necesitas motivos?, es solo una bala, una vida. Es un juego no se necesitan motivos.
- Yo si los necesito, no soy como usted.
- ¿Cómo yo?, no me conoces niño, ¿y te atreves a decir que no eres como yo? Pero bueno, te lo concedo, yo no soy de los que necesitan un motivo, yo solo jalo el gatillo y fin de la historia, no hay nada más.
- No puedo ser así.
- Entonces este no es tu lugar – le quitó el arma de la mano.
- Pero… la necesito.
- Tu solo necesitas esto – y le pasó un fierro.
- Pero con esto no puedo hacer nada.
- ¿Nada?, es todo lo que necesitas.
- No puedo matarlo con un fierro.
- Si puedes, y si lo logras ven a verme.
Andrés salió cabizbajo, caminó por las mismas callejuelas hasta salir de ahí y volver a su casa. Ahí entró dejando bien cerrado, Dejó el fierro sobre la mesa y se tiró sobre su cama. La decisión estaba tomada, lo haría incluso se debía hacerlo solo con ese fierro.
1 comentarios:
noo!! a quien quiere matar!!?? por queee! D:
si te demoras en escribir lo que viene te mato xD
gracias, lindo (L)
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