Agitado tocó a la puerta de la casa de Antonia.
- Andrés, no me avisaste ni nada…yo…
- Lo siento tuve que venir, porque simplemente ya no aguanto ni un segundo más.
- Ya… asumo que es importante entonces, siéntate.
Pudo ver sobre un silla una mochila que no conocía, pensó en preguntarle de quien era, pero lo dejó y fue al tema que lo había llevado hasta ahí.
- Vine porque tengo algo que decirte, aunque es parecido a lo que te he dicho antes, pero bueno aquí voy – tomó un poco de aire y prosiguió – Pienso en ti, siempre en cada momento y te extraño constantemente, quiero estar para ti siempre, quiero quedarme contigo en cada momento. Pretendo ser todo para ti, decirte cada día lo bella que estás, consentirte y retarte, quiero ser todo para ti. Y te prometo, yo puedo dejar todo por ti, cada cosa de mi vida, nada me importa, solo tú. Estoy dispuesto a escapar contigo a cualquier lugar. Y… es eso más o menos.
- Andrés, nuevamente lo mismo, era y es solo un juego, yo se que perdí un poco el rumbo, en algún momento, pero creo también que las cosas quedaron claras.
- Quedaron… hasta que tu las volviste a enredar y realmente no se qué pasa contigo, que pasa por tu cabeza y presiento, por tú comportamiento, por lo que me has dicho y hecho, que te pasa algo parecido, y que puede ir más allá de eso que tu llamas jugar. Pero por alguna razón que desconozco porque no te arriesgas conmigo.
- Andrés, no tengo nada que responderte, son suposiciones tuyas.
En ese momento salió una persona del baño, se acercó a Andrés y se presentó.
-Hola, soy Juan un amigo de Anto, tú debes ser Andrés, me han hablado algo de ti.
Andrés hervía por dentro Antonia estaba con otra persona en la casa, no le había dicho nada y además el tipo se había atrevido a llamarla Anto.
- Me voy Anto, cuídate mucho – dijo Juan dándole un fuerte beso en la mejilla.
- Tu también – le respondió Antonia sonrojándose un poco.
Cuando Juan ya se había ido, Andrés interrogó a Antonia.
- ¿Quién es él?
- Se llama Juan, se presentó educadamente, totalmente al contrario de lo que hiciste tu que ni siquiera lo saludaste.
- ¿Y de donde salió?
- Un amigo antiguo que volvió.
- ¿Solo un amigo?, para mí que es algo más que eso.
- Ya me conoces, solo un juego.
- Tus ojos dicen otra cosa y los de él también. Y con tus ojos no me equivoco.
- Es solo eso Andrés.
- Me pareces que niegas lo obvio. Y esto me explica muchas cosas.
- ¿Te explica muchas cosas?
- Sí, de tu comportamiento últimamente, por eso estás más desaparecida, algo más distante y ya no eres igual hacia mí.
- ¿Ya no soy igual?, soy la de siempre.
- Yo creo que no, te noto distinta.
- ¿Qué cosas notas?
- ¿Acaso te tengo que explicar lo que tú haces?
- Prácticamente me acusas de algo, es lo mínimo.
- Sabes que Antonia, me aburrí, me voy, hoy no hay nada más que hablar contigo, ya te dije lo que pasaba y ahora me encuentro con esto, es suficiente.
- No puedes cortar la conversación así.
- ¿No puedo?...
Andrés se paró y caminó hacia la puerta, miró a Antonia que aún estaba sentada en el sofá y le hizo un gesto con la mano para despedirse, salió y cerró la puerta. Sabía que esto le traería muchos problemas, pero hoy no podía soportar más. El nombre de este tipo, Juan, rondaba por su cabeza, la mirada de Anto y la verdad que ocultaba tras el supuesto juego también y, por desgracia, comenzaba a odiar.
- Andrés, no me avisaste ni nada…yo…
- Lo siento tuve que venir, porque simplemente ya no aguanto ni un segundo más.
- Ya… asumo que es importante entonces, siéntate.
Pudo ver sobre un silla una mochila que no conocía, pensó en preguntarle de quien era, pero lo dejó y fue al tema que lo había llevado hasta ahí.
- Vine porque tengo algo que decirte, aunque es parecido a lo que te he dicho antes, pero bueno aquí voy – tomó un poco de aire y prosiguió – Pienso en ti, siempre en cada momento y te extraño constantemente, quiero estar para ti siempre, quiero quedarme contigo en cada momento. Pretendo ser todo para ti, decirte cada día lo bella que estás, consentirte y retarte, quiero ser todo para ti. Y te prometo, yo puedo dejar todo por ti, cada cosa de mi vida, nada me importa, solo tú. Estoy dispuesto a escapar contigo a cualquier lugar. Y… es eso más o menos.
- Andrés, nuevamente lo mismo, era y es solo un juego, yo se que perdí un poco el rumbo, en algún momento, pero creo también que las cosas quedaron claras.
- Quedaron… hasta que tu las volviste a enredar y realmente no se qué pasa contigo, que pasa por tu cabeza y presiento, por tú comportamiento, por lo que me has dicho y hecho, que te pasa algo parecido, y que puede ir más allá de eso que tu llamas jugar. Pero por alguna razón que desconozco porque no te arriesgas conmigo.
- Andrés, no tengo nada que responderte, son suposiciones tuyas.
En ese momento salió una persona del baño, se acercó a Andrés y se presentó.
-Hola, soy Juan un amigo de Anto, tú debes ser Andrés, me han hablado algo de ti.
Andrés hervía por dentro Antonia estaba con otra persona en la casa, no le había dicho nada y además el tipo se había atrevido a llamarla Anto.
- Me voy Anto, cuídate mucho – dijo Juan dándole un fuerte beso en la mejilla.
- Tu también – le respondió Antonia sonrojándose un poco.
Cuando Juan ya se había ido, Andrés interrogó a Antonia.
- ¿Quién es él?
- Se llama Juan, se presentó educadamente, totalmente al contrario de lo que hiciste tu que ni siquiera lo saludaste.
- ¿Y de donde salió?
- Un amigo antiguo que volvió.
- ¿Solo un amigo?, para mí que es algo más que eso.
- Ya me conoces, solo un juego.
- Tus ojos dicen otra cosa y los de él también. Y con tus ojos no me equivoco.
- Es solo eso Andrés.
- Me pareces que niegas lo obvio. Y esto me explica muchas cosas.
- ¿Te explica muchas cosas?
- Sí, de tu comportamiento últimamente, por eso estás más desaparecida, algo más distante y ya no eres igual hacia mí.
- ¿Ya no soy igual?, soy la de siempre.
- Yo creo que no, te noto distinta.
- ¿Qué cosas notas?
- ¿Acaso te tengo que explicar lo que tú haces?
- Prácticamente me acusas de algo, es lo mínimo.
- Sabes que Antonia, me aburrí, me voy, hoy no hay nada más que hablar contigo, ya te dije lo que pasaba y ahora me encuentro con esto, es suficiente.
- No puedes cortar la conversación así.
- ¿No puedo?...
Andrés se paró y caminó hacia la puerta, miró a Antonia que aún estaba sentada en el sofá y le hizo un gesto con la mano para despedirse, salió y cerró la puerta. Sabía que esto le traería muchos problemas, pero hoy no podía soportar más. El nombre de este tipo, Juan, rondaba por su cabeza, la mirada de Anto y la verdad que ocultaba tras el supuesto juego también y, por desgracia, comenzaba a odiar.
1 comentarios:
al fin actualizas :)
te odio :B
Publicar un comentario