Hoy extraño cada centímetro de tu cuerpo como no lo había hecho nunca. También puedo recordar cómo es cada rincón de él y ciertamente me agrada su reminiscencia. No pretendo olvidarlo, ni tampoco reemplazarlo (porque es imposible) Eres el mejor recuerdo y espero que dejes de ser tan solo eso. Mía una vez más.
jueves, diciembre 31, 2009
miércoles, diciembre 23, 2009
Antonia
La observaba dormir. Era hermosa, con esos ojos almendrados de color café que lo cautivaban, labios levemente rojizos que pedían ser besados. Su suave cuello despedía un calor que llamaba a acariciarlo, todo lo complementaba su cabello que caía suavemente sobre sus hombros. Le parecía maravillosa. ¿Perfecta?... quizás, al menos por momentos le parecía que sí. Amaba su sonrisa y la alegría que contagiaba, también la impulsividad de sus acciones y aún más sus mañas.
La miró un momento más, ojeó el reloj y se despidió de ella un beso en la frente y acarició sus cabellos. La amó un poco más y caminó hacia la puerta.
La tarde
Miró su celular, era Antonia la que llamaba, prefirió no contestar ya que seguramente se molestaría. Volvió sonar el celular, era Antonia una vez más, pensó que tal vez sería algo importante y contestó.
- Aló, ¿Andrés dónde estás?
- Estoy donde Isidora, ¿porque…?
- Ok, adiós.
Fue completamente cortante sin duda se había molestado él lo sabía, pero en el momento no había nada que pudiese hacer.
A pesar de eso pasó la tarde con Isidora y fue muy agradable. Un rato después Anto lo llamó nuevamente.
- Hola, ¿estás allá todavía?
- Sí, aún sigo aquí.
- Quería saber si podía venir a mi casa en la noche.
- No lo sé… más rato te puedo avisar.
- Ok, espero tu llamado entonces.
Cuando ya se hacía tarde Andrés decidió irse, había pasado una muy buena tarde. Al despedirse Isidora lo abrazó tan fuerte que pudo sentirla nuevamente completa, añoró por unos segundos aquellos momentos ya olvidados pero rápidamente volvió a la realidad. Definitivamente ya nada era lo que había sido y estaba seguro que no volvería a serlo nuevamente, estaba bien así.
- No vayas donde Antonia, le dijo ella.
- Aún no sé qué haré - le respondió y se fue.
Caminó hacía el paradero con una mezcla de sentimientos en la cabeza que simplemente no lo dejaba pensar bien. Seguramente iría donde Anto, era imposible no hacerlo.
- Aló, ¿Andrés dónde estás?
- Estoy donde Isidora, ¿porque…?
- Ok, adiós.
Fue completamente cortante sin duda se había molestado él lo sabía, pero en el momento no había nada que pudiese hacer.
A pesar de eso pasó la tarde con Isidora y fue muy agradable. Un rato después Anto lo llamó nuevamente.
- Hola, ¿estás allá todavía?
- Sí, aún sigo aquí.
- Quería saber si podía venir a mi casa en la noche.
- No lo sé… más rato te puedo avisar.
- Ok, espero tu llamado entonces.
Cuando ya se hacía tarde Andrés decidió irse, había pasado una muy buena tarde. Al despedirse Isidora lo abrazó tan fuerte que pudo sentirla nuevamente completa, añoró por unos segundos aquellos momentos ya olvidados pero rápidamente volvió a la realidad. Definitivamente ya nada era lo que había sido y estaba seguro que no volvería a serlo nuevamente, estaba bien así.
- No vayas donde Antonia, le dijo ella.
- Aún no sé qué haré - le respondió y se fue.
Caminó hacía el paradero con una mezcla de sentimientos en la cabeza que simplemente no lo dejaba pensar bien. Seguramente iría donde Anto, era imposible no hacerlo.
martes, diciembre 22, 2009
Ojos verdes
El café se helaba sobre su escritorio y la televisión, encendida en un rincón, iluminaba tenuemente la habitación en penumbras. Sobre su cama, desarmada, una mujer dormía de espalda. El pelo castaño le colgaba hacia un lado y su figura se dibujaba bajo las sabanas. Él tomó un sorbo de café y se acercó para despertarla. Ella lo miró con esos ojos verdes que lo bloqueaban, le dio un beso en la mejilla y le dijo:
- Ya es tarde.
Él le respondió con una sonrisa y bajó a bañarse
- Ya es tarde.
Él le respondió con una sonrisa y bajó a bañarse
lunes, diciembre 21, 2009
Lector
Leía un libro sobre el hombro de la persona que iba delante de mí, hojeaba el diario de un joven que sentado en el piso y haciendo un esfuerzo observaba una revista, sostenida por una señora, que se reflejaba en la ventana.
domingo, diciembre 20, 2009
Indiferencia
Se subió con dificultad a la micro, con el coche plegado en una mano y su bebé colgando del brazo. Viajó de pie porque nadie le cedió el asiento. Se bajó sin ayuda, desplegó el coche y puso su hijo en él. Caminó por la oscura calle hacia su casa. Llegó tarde, su marido la golpeó. A nadie le importó.
martes, diciembre 15, 2009
Te todo
Era todo tan fácil hace tantos años, cuando no había nada por lo que luchar, cuando no existían los sueños cuando las aspiraciones se limitaban al ultimo juguete. Cuando el amor solo tenía el sinónimo de mamá. Esos tiempos no volverán pero se añoran. Aún puedo recordar la palabra inocencia, lealtad, verdad, compromiso y miles de otras que hoy parecen ya tan lejanas reemplazadas solo por conveniencia y con esa maldita apariencia de verdad. Me da asco la vida, me da miedo el futuro y el presente simplemente es repulsivo. Quisiera dejar todo atrás, todo olvidado, pero es imposible esos recuerdos vienen una y otra vez, atormentan. ¡Sí!, tal vez no se jugar, quizás el añorar el pasado me hace aún un niño, que se yo, pero ya no puedo seguir. Hoy escaparé, desapareceré entre la niebla, tal cual llegué. No quiero hacer una despedida, pero dejo recuerdos, no me gustaría desaparecer pero hoy parece lo más sano. No me quiero ir, no quiero dejar de luchar, pero no me ha dado razones para seguir haciéndolo, al contrario. Voy a traicionar todo lo que prometí. Y solo diré que ella fue… todo.
viernes, diciembre 11, 2009
Andrés vs
- ¡Andrés!, ¿de nuevo por aquí?, te prometo que esta vez no lo esperaba creía que ya no ibas a volver.
- Créeme que yo tampoco estoy aquí por mi voluntad, si pudiese elegir estaría en otro lado.
- Pero en ese otro lado no te esperan, no interesas, por eso estás aquí, fin de la historia.
- Lo sé, por no me alegra.
- ¿Pero… por qué?, si soy lo único seguro en tu vida.
- Por lo mismo, porque no me gustaría que fueras tú, lo único seguro en mi vida.
- Pero es lo que hay, así que no te amargues de más.
- Hago lo que se me da la gana.
- Evidentemente no lo haces, o si no, no estarías aquí. Solo haces lo que puedes, lo que te dejan enfréntalo de una maldita vez y deja de mentirte.
- ¿Para qué haces esto?
- Solo para que entres en razón, porque te tengo un gran afecto, por nada más.
- Tus formas no son las mejores te diré.
- Lo sé.
- ¿Entonces?
- Tú no entiendes de otra forma, lo sabes.
- Es verdad.
- Así que no queda otra opción. - Y se blandiendo un fierro se comenzó a acercar a Andrés que se encontraba entre las sobras que dejaba la ampolleta que colgaba del techo del diminuto cuarto.
- ¡Aléjate ahora!
- No estás en la posición de dar órdenes. - Levantó el brazo que sostenía el fierro y asestó un solo golpe seco sobre la cabeza de Andrés y este cayó desplomado.
De a poco volvió en sí, la boca la tenía llena de sangre, también podía sentir un corte profundo en su mejilla, la cabeza le daba vueltas y le dolían las manos.
- ¿Ya estás de nuevo aquí?
- Sí, pero esta dolió y dejará marca sin duda.
- Todas duelen, todas dejan marcas, pero son todas distintas, ya deberías saberlo.
- Prefiero creer que no.
- Novato.
- Lo sé.
- ¿Y?
- Duele, duele ser no elegido una vez más a pesar de todo.
- Tú sabías que iba a ser así y te engañaste.
- Sinceramente, no lo hice, yo creí que ahora sí.
- Creíste mal entonces mi querido Andrés.
- No es la primera vez que pasa. – Y esbozó una sonrisa.
- Y creo que no será la última.
- Pero… ¿Por qué no quiere cometer el error conmigo y si con él?
- Porque no eres lo que ella quiere.
- Pero me ha dicho que sí.
- Entonces tendrá miedo.
- No lo puedo entender.
- No hay nada que entender. Andrés, la vida es así punto. Y tú nunca tendrás lo que quieres.
- Pero me parece injusto.
- ¿Injusto?, tú no sabes lo que es injusto, tú no sabes nada, eres todavía un niño.
- ¡No soy un niño!
- Con esa reacción me lo compruebas.
- No te das cuenta, ella no necesita un niño, y eso eres tú.
- Lo sé.
- ¿Entonces?
- Pero… es que ocurrió de nuevo, yo no pensé que volvería a ocurrir.
- Otro error más, si pasa una vez pasará de nuevo.
- Pero además me ganó en solo una jugada.
- Será porque es mejor jugador que tú.
- Es probable, o porque simplemente yo no soy lo que ella necesita.
- Eso es lo más probable señor Andrés.
Trató de levantarse desde el piso donde estaba tirado, pero no tenía fuerzas, había mucha sangre en el piso y sentía como si se fuera a desmayar.
- ¿Pasó el límite?
- Yo creo que sí.
- Entonces aléjate.
- No puedo.
- Siempre es lo mismo, no tienes nada de fuerza. – Y volvió a levantar el fierro.
- No, espera.
- No hay nada que decir, no puedes más, no tienes fuerza, eres un niño, no eres lo que quiere, no te elegirá. Compréndelo de una vez y desaparece.
- No me parece la mejor solución.
- Lo que yo te digo no es una solución, es tu única puta opción.
- Pero… pero… me siento como un perdedor.
- Es porque es lo que eres.
- Pero…
- Ya no hay peros, me aburriste. – Levanto una vez más el brazo y lo volvió a golpear en la cara.
Andrés sintió como se desvanecía. Luego apareció acostado en su cama, le dolía la cara, pero no tenía nada, se palpo con la mano y sintió una gran cicatriz, corrió al baño prendió la luz y se miró en el espejo. No tenía nada, pero igual podía sentirla al tacto, las cicatrices nunca se irían.
- Créeme que yo tampoco estoy aquí por mi voluntad, si pudiese elegir estaría en otro lado.
- Pero en ese otro lado no te esperan, no interesas, por eso estás aquí, fin de la historia.
- Lo sé, por no me alegra.
- ¿Pero… por qué?, si soy lo único seguro en tu vida.
- Por lo mismo, porque no me gustaría que fueras tú, lo único seguro en mi vida.
- Pero es lo que hay, así que no te amargues de más.
- Hago lo que se me da la gana.
- Evidentemente no lo haces, o si no, no estarías aquí. Solo haces lo que puedes, lo que te dejan enfréntalo de una maldita vez y deja de mentirte.
- ¿Para qué haces esto?
- Solo para que entres en razón, porque te tengo un gran afecto, por nada más.
- Tus formas no son las mejores te diré.
- Lo sé.
- ¿Entonces?
- Tú no entiendes de otra forma, lo sabes.
- Es verdad.
- Así que no queda otra opción. - Y se blandiendo un fierro se comenzó a acercar a Andrés que se encontraba entre las sobras que dejaba la ampolleta que colgaba del techo del diminuto cuarto.
- ¡Aléjate ahora!
- No estás en la posición de dar órdenes. - Levantó el brazo que sostenía el fierro y asestó un solo golpe seco sobre la cabeza de Andrés y este cayó desplomado.
De a poco volvió en sí, la boca la tenía llena de sangre, también podía sentir un corte profundo en su mejilla, la cabeza le daba vueltas y le dolían las manos.
- ¿Ya estás de nuevo aquí?
- Sí, pero esta dolió y dejará marca sin duda.
- Todas duelen, todas dejan marcas, pero son todas distintas, ya deberías saberlo.
- Prefiero creer que no.
- Novato.
- Lo sé.
- ¿Y?
- Duele, duele ser no elegido una vez más a pesar de todo.
- Tú sabías que iba a ser así y te engañaste.
- Sinceramente, no lo hice, yo creí que ahora sí.
- Creíste mal entonces mi querido Andrés.
- No es la primera vez que pasa. – Y esbozó una sonrisa.
- Y creo que no será la última.
- Pero… ¿Por qué no quiere cometer el error conmigo y si con él?
- Porque no eres lo que ella quiere.
- Pero me ha dicho que sí.
- Entonces tendrá miedo.
- No lo puedo entender.
- No hay nada que entender. Andrés, la vida es así punto. Y tú nunca tendrás lo que quieres.
- Pero me parece injusto.
- ¿Injusto?, tú no sabes lo que es injusto, tú no sabes nada, eres todavía un niño.
- ¡No soy un niño!
- Con esa reacción me lo compruebas.
- No te das cuenta, ella no necesita un niño, y eso eres tú.
- Lo sé.
- ¿Entonces?
- Pero… es que ocurrió de nuevo, yo no pensé que volvería a ocurrir.
- Otro error más, si pasa una vez pasará de nuevo.
- Pero además me ganó en solo una jugada.
- Será porque es mejor jugador que tú.
- Es probable, o porque simplemente yo no soy lo que ella necesita.
- Eso es lo más probable señor Andrés.
Trató de levantarse desde el piso donde estaba tirado, pero no tenía fuerzas, había mucha sangre en el piso y sentía como si se fuera a desmayar.
- ¿Pasó el límite?
- Yo creo que sí.
- Entonces aléjate.
- No puedo.
- Siempre es lo mismo, no tienes nada de fuerza. – Y volvió a levantar el fierro.
- No, espera.
- No hay nada que decir, no puedes más, no tienes fuerza, eres un niño, no eres lo que quiere, no te elegirá. Compréndelo de una vez y desaparece.
- No me parece la mejor solución.
- Lo que yo te digo no es una solución, es tu única puta opción.
- Pero… pero… me siento como un perdedor.
- Es porque es lo que eres.
- Pero…
- Ya no hay peros, me aburriste. – Levanto una vez más el brazo y lo volvió a golpear en la cara.
Andrés sintió como se desvanecía. Luego apareció acostado en su cama, le dolía la cara, pero no tenía nada, se palpo con la mano y sintió una gran cicatriz, corrió al baño prendió la luz y se miró en el espejo. No tenía nada, pero igual podía sentirla al tacto, las cicatrices nunca se irían.
jueves, diciembre 10, 2009
Hacía frío y estaba oscuro, no podía ver más allá de su nariz. Era de noche, eso creía, pero no podía ver la luna en el cielo ya que, al parecer, las nubes la cubrían. También sentía algo de hambre, ya que no había comido nada antes de salir, eso había sido una mala decisión sin duda, pero en este momento daba un poco lo mismo, ya que era bastante tarde para arrepentirse. Siguió caminando, avanzando por aquel camino que conocía de memoria ya que lo había recorrido tantas veces. Cruzó el puente, mientras escuchaba el rio pasar bajo él. Cuando llegó al otro extremo encendió un cigarrillo. Dobló hacía la derecha y caminó por la pequeña pendiente. Pudo vislumbrar unas luces de las primeras casas del pueblo y continuó caminando, esta vez algo más rápido ya que estaba bastante ansioso por llegar. Pasó por el lado de la comisaría, debería haber pasado a explicar su visita, pero no lo hizo ya que tenía cosas más importantes que hacer, no había caminado todo ese trecho desde donde su auto se había averiado para presentarse frente a los carabineros. Miró hacia su izquierda, el escenario estaba armado, pero no había nadie, solo algunos borrachos en las calles y basura regada por todo el piso. El salón de pool también estaba cerrado y al mirar hacia la cordillera pudo vislumbrar los primeros rayos de sol que tímidamente asomaban. Siguió caminando por el pequeño trozo de calle pavimentado, tenía claro donde se dirigía pero eran tantos los años, que se transformaba en una necesidad mirar todo a su alrededor, pero era como si el tiempo no hubiese pasado por el lugar, todo seguía en el mismo sitio, todo estaba igual. Las cosas parecían algo más viejas, pero solo para él que conocía ese pueblo completamente. Continuó con su caminata a través de ese pequeño trozo de pavimento. Pasó frente a una casa, la pizzería, dos tiendas de productos varios, un restaurant y también una Iglesia, y todo eso en menos de 300 metros. Llegó a la residencial y quiso tomar un helado, pero estaba cerrado claramente, aunque ya podía oler el aroma de la madera en el horno para hacer el pan. Caminó por la calle de tierra, que se encontraba delante de la residencial y a la izquierda del camino pavimentado. Caminó más rápido casi trotando tenía que llegar rápido a la casa, recorrió todo el camino hasta el final, la penúltima casa de esa calle era a la que él iba. Se paró frente a la reja hecha de unos palos y algo de alambre, movió un poco la especie de puerta que tenía y entró, subió lentamente la pendiente que había antes de de llegar a la puerta principal. Cuando llegó sacó la llave que había prácticamente robado y abrió el candado, no se sentían más ruidos que el rechinar de las tablas viejas y el rio que pasaba por detrás de la casa. Entró a la primera habitación que estaba a su izquierda, reviso la cama matrimonial y el camarote no había nadie, paso a la siguiente pieza que tenia la entrada al interior de la primera pieza, reviso el camarote de esa pieza y nada, luego la cama que estaba a un lado y ahí estaba ella. Se acercó y se acostó junto a ella. Esta lo sintió.
-Te esperaba.
-Lo sé.
-Te demoraste.
-Imprevistos del camino, pero llegué.
-¿Y que querías decirme?
-Que debes dejarme ir y correr antes de que me dé cuenta, porque sencillamente no merezco tenerte.
-Yo voy a decidir eso, no tú.
-¿Y cuál es tu decisión entonces?
-Que si mereces tenerme.
Luego de eso, ella se dio vuelta, lo abrazó y luego lo besó repetidas veces. Después de un rato los dos se durmieron.
-Te esperaba.
-Lo sé.
-Te demoraste.
-Imprevistos del camino, pero llegué.
-¿Y que querías decirme?
-Que debes dejarme ir y correr antes de que me dé cuenta, porque sencillamente no merezco tenerte.
-Yo voy a decidir eso, no tú.
-¿Y cuál es tu decisión entonces?
-Que si mereces tenerme.
Luego de eso, ella se dio vuelta, lo abrazó y luego lo besó repetidas veces. Después de un rato los dos se durmieron.
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