El café se helaba sobre su escritorio y la televisión, encendida en un rincón, iluminaba tenuemente la habitación en penumbras. Sobre su cama, desarmada, una mujer dormía de espalda. El pelo castaño le colgaba hacia un lado y su figura se dibujaba bajo las sabanas. Él tomó un sorbo de café y se acercó para despertarla. Ella lo miró con esos ojos verdes que lo bloqueaban, le dio un beso en la mejilla y le dijo:
- Ya es tarde.
Él le respondió con una sonrisa y bajó a bañarse
- Ya es tarde.
Él le respondió con una sonrisa y bajó a bañarse
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