jueves, diciembre 10, 2009

Hacía frío y estaba oscuro, no podía ver más allá de su nariz. Era de noche, eso creía, pero no podía ver la luna en el cielo ya que, al parecer, las nubes la cubrían. También sentía algo de hambre, ya que no había comido nada antes de salir, eso había sido una mala decisión sin duda, pero en este momento daba un poco lo mismo, ya que era bastante tarde para arrepentirse. Siguió caminando, avanzando por aquel camino que conocía de memoria ya que lo había recorrido tantas veces. Cruzó el puente, mientras escuchaba el rio pasar bajo él. Cuando llegó al otro extremo encendió un cigarrillo. Dobló hacía la derecha y caminó por la pequeña pendiente. Pudo vislumbrar unas luces de las primeras casas del pueblo y continuó caminando, esta vez algo más rápido ya que estaba bastante ansioso por llegar. Pasó por el lado de la comisaría, debería haber pasado a explicar su visita, pero no lo hizo ya que tenía cosas más importantes que hacer, no había caminado todo ese trecho desde donde su auto se había averiado para presentarse frente a los carabineros. Miró hacia su izquierda, el escenario estaba armado, pero no había nadie, solo algunos borrachos en las calles y basura regada por todo el piso. El salón de pool también estaba cerrado y al mirar hacia la cordillera pudo vislumbrar los primeros rayos de sol que tímidamente asomaban. Siguió caminando por el pequeño trozo de calle pavimentado, tenía claro donde se dirigía pero eran tantos los años, que se transformaba en una necesidad mirar todo a su alrededor, pero era como si el tiempo no hubiese pasado por el lugar, todo seguía en el mismo sitio, todo estaba igual. Las cosas parecían algo más viejas, pero solo para él que conocía ese pueblo completamente. Continuó con su caminata a través de ese pequeño trozo de pavimento. Pasó frente a una casa, la pizzería, dos tiendas de productos varios, un restaurant y también una Iglesia, y todo eso en menos de 300 metros. Llegó a la residencial y quiso tomar un helado, pero estaba cerrado claramente, aunque ya podía oler el aroma de la madera en el horno para hacer el pan. Caminó por la calle de tierra, que se encontraba delante de la residencial y a la izquierda del camino pavimentado. Caminó más rápido casi trotando tenía que llegar rápido a la casa, recorrió todo el camino hasta el final, la penúltima casa de esa calle era a la que él iba. Se paró frente a la reja hecha de unos palos y algo de alambre, movió un poco la especie de puerta que tenía y entró, subió lentamente la pendiente que había antes de de llegar a la puerta principal. Cuando llegó sacó la llave que había prácticamente robado y abrió el candado, no se sentían más ruidos que el rechinar de las tablas viejas y el rio que pasaba por detrás de la casa. Entró a la primera habitación que estaba a su izquierda, reviso la cama matrimonial y el camarote no había nadie, paso a la siguiente pieza que tenia la entrada al interior de la primera pieza, reviso el camarote de esa pieza y nada, luego la cama que estaba a un lado y ahí estaba ella. Se acercó y se acostó junto a ella. Esta lo sintió.
-Te esperaba.
-Lo sé.
-Te demoraste.
-Imprevistos del camino, pero llegué.
-¿Y que querías decirme?
-Que debes dejarme ir y correr antes de que me dé cuenta, porque sencillamente no merezco tenerte.
-Yo voy a decidir eso, no tú.
-¿Y cuál es tu decisión entonces?
-Que si mereces tenerme.

Luego de eso, ella se dio vuelta, lo abrazó y luego lo besó repetidas veces. Después de un rato los dos se durmieron.

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