La observaba dormir. Era hermosa, con esos ojos almendrados de color café que lo cautivaban, labios levemente rojizos que pedían ser besados. Su suave cuello despedía un calor que llamaba a acariciarlo, todo lo complementaba su cabello que caía suavemente sobre sus hombros. Le parecía maravillosa. ¿Perfecta?... quizás, al menos por momentos le parecía que sí. Amaba su sonrisa y la alegría que contagiaba, también la impulsividad de sus acciones y aún más sus mañas.
La miró un momento más, ojeó el reloj y se despidió de ella un beso en la frente y acarició sus cabellos. La amó un poco más y caminó hacia la puerta.
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