viernes, diciembre 11, 2009

Andrés vs

- ¡Andrés!, ¿de nuevo por aquí?, te prometo que esta vez no lo esperaba creía que ya no ibas a volver.
- Créeme que yo tampoco estoy aquí por mi voluntad, si pudiese elegir estaría en otro lado.
- Pero en ese otro lado no te esperan, no interesas, por eso estás aquí, fin de la historia.
- Lo sé, por no me alegra.
- ¿Pero… por qué?, si soy lo único seguro en tu vida.
- Por lo mismo, porque no me gustaría que fueras tú, lo único seguro en mi vida.
- Pero es lo que hay, así que no te amargues de más.
- Hago lo que se me da la gana.
- Evidentemente no lo haces, o si no, no estarías aquí. Solo haces lo que puedes, lo que te dejan enfréntalo de una maldita vez y deja de mentirte.
- ¿Para qué haces esto?
- Solo para que entres en razón, porque te tengo un gran afecto, por nada más.
- Tus formas no son las mejores te diré.
- Lo sé.
- ¿Entonces?
- Tú no entiendes de otra forma, lo sabes.
- Es verdad.
- Así que no queda otra opción. - Y se blandiendo un fierro se comenzó a acercar a Andrés que se encontraba entre las sobras que dejaba la ampolleta que colgaba del techo del diminuto cuarto.
- ¡Aléjate ahora!
- No estás en la posición de dar órdenes. - Levantó el brazo que sostenía el fierro y asestó un solo golpe seco sobre la cabeza de Andrés y este cayó desplomado.

De a poco volvió en sí, la boca la tenía llena de sangre, también podía sentir un corte profundo en su mejilla, la cabeza le daba vueltas y le dolían las manos.

- ¿Ya estás de nuevo aquí?
- Sí, pero esta dolió y dejará marca sin duda.
- Todas duelen, todas dejan marcas, pero son todas distintas, ya deberías saberlo.
- Prefiero creer que no.
- Novato.
- Lo sé.
- ¿Y?
- Duele, duele ser no elegido una vez más a pesar de todo.
- Tú sabías que iba a ser así y te engañaste.
- Sinceramente, no lo hice, yo creí que ahora sí.
- Creíste mal entonces mi querido Andrés.
- No es la primera vez que pasa. – Y esbozó una sonrisa.
- Y creo que no será la última.
- Pero… ¿Por qué no quiere cometer el error conmigo y si con él?
- Porque no eres lo que ella quiere.
- Pero me ha dicho que sí.
- Entonces tendrá miedo.
- No lo puedo entender.
- No hay nada que entender. Andrés, la vida es así punto. Y tú nunca tendrás lo que quieres.
- Pero me parece injusto.
- ¿Injusto?, tú no sabes lo que es injusto, tú no sabes nada, eres todavía un niño.
- ¡No soy un niño!
- Con esa reacción me lo compruebas.
- No te das cuenta, ella no necesita un niño, y eso eres tú.
- Lo sé.
- ¿Entonces?
- Pero… es que ocurrió de nuevo, yo no pensé que volvería a ocurrir.
- Otro error más, si pasa una vez pasará de nuevo.
- Pero además me ganó en solo una jugada.
- Será porque es mejor jugador que tú.
- Es probable, o porque simplemente yo no soy lo que ella necesita.
- Eso es lo más probable señor Andrés.

Trató de levantarse desde el piso donde estaba tirado, pero no tenía fuerzas, había mucha sangre en el piso y sentía como si se fuera a desmayar.

- ¿Pasó el límite?
- Yo creo que sí.
- Entonces aléjate.
- No puedo.
- Siempre es lo mismo, no tienes nada de fuerza. – Y volvió a levantar el fierro.
- No, espera.
- No hay nada que decir, no puedes más, no tienes fuerza, eres un niño, no eres lo que quiere, no te elegirá. Compréndelo de una vez y desaparece.
- No me parece la mejor solución.
- Lo que yo te digo no es una solución, es tu única puta opción.
- Pero… pero… me siento como un perdedor.
- Es porque es lo que eres.
- Pero…
- Ya no hay peros, me aburriste. – Levanto una vez más el brazo y lo volvió a golpear en la cara.

Andrés sintió como se desvanecía. Luego apareció acostado en su cama, le dolía la cara, pero no tenía nada, se palpo con la mano y sintió una gran cicatriz, corrió al baño prendió la luz y se miró en el espejo. No tenía nada, pero igual podía sentirla al tacto, las cicatrices nunca se irían.

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