Se sentía bastante mal, como no se había sentido en muchísimo tiempo, era como si algo le faltara. Acostado en su cama a mitad de la noche la brisa entraba por la ventana entreabierta y la soñaba despierto. Podía recordar cada centímetro y marca en su piel, todas las palabras, promesas y caricias. Inclusive aún lograba sentir su aroma, a pesar de todo el tiempo que los separaba, porque a ellos no los separaba la distancia, ni los gustos, solo tiempo. Lograba ver su cabello desordenado y sus labios tan cerca de los suyos que se convertían en uno. Eran tan suya y tan efímera, solo un momento en todo un millón de años, ella era un instante en todo el ajetreo, un oasis para su vida. Perfecta y él no temía decirlo, por el contrario le encantaba saberla tan maravillosa. Cerró los ojos y creyó tenerla acurrucada sobre su pecho, como necesitando protección, completamente indefensa frente a todo. Se aferró fuerte a ella, abrazándola, como si no existiese nada más. Seguía dormitando, pero iba despertando de a poco. Estaba echado hacia un lado de la cama, casi cayéndose, el lado desocupado estaba completamente helado. Se sentó sobre la cama, tomó su celular y pensó en llamarla, pero desistió, podría estar ocupada o con alguna otra persona y no quería interrumpir. Solo esperaría su llamada, como siempre, y ahí volvería a ser de él por unos instantes. Se volvió a acostar, se dio media vuelta e intento conciliar el sueño.
1 comentarios:
son bacanes las cosas que escribes :)
me gustan :)
Publicar un comentario