Exhausto llegó hasta donde el sabio luego de recorrer un largo camino.
- ¿Qué… es el… amor? – preguntó entrecortadamente.
- Una palabra de cuatro letras – le respondió el hombre de blanca cabellera mientras escudriñaba el horizonte.
Incrédulo lo agarró por los hombros y lo zamarreó. El sabio lo miró con tristeza.
- Esa es la única verdad, mejor contempla el horizonte conmigo – le dijo calmadamente.
- Pero, pero – expresó entre balbuceos, y se sentó.
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