Cuando prendió la radio sonaba una canción de Serrano, una frase le quedó dando vueltas en su cabeza: "No pienses en él esta noche y dime que me amas, que él no te oye." Notó que era tan fácil, simplemente no había que pensar. ¿Y qué más da?, finalmente él nunca se enteraría, y serían felices al menos por una noche. Pensó en levantarse de su asiento, ir a buscarla y decirle exactamente esas palabras que había escuchado. Pero reflexionó y se dio cuenta de que no era una buen idea. En realidad no sabía cómo le respondería ella. ¿Y si la respuesta era negativa?, ¿si ella quería pensar en él, aunque él no la oyera?, ¿y si se había equivocado al leer sus gestos y eso que él reconocía como amor no lo era? Ciertamente era mucho más fácil seguir solo soñándola. Amándola a escondidas, nuevamente. Era la solución cobarde que ya había elegido antes, y ciertamente no había problema volver a elegir esa solución y mantenerla en el tiempo.
Por un momento la recordó y luego la soñó a su lado. Conocía cada centímetro, cada gesto y movimiento. Sintió su aroma una vez más y la dejo esfumarse, al igual que hace ya tanto tiempo. Tomó un último sorbo de su café cargado y se levanto, golpeó con su puño cerrado la muralla que tenía cerca. Unas lágrimas se derramaron por sus mejillas. Se maldijo y salió dejando la puerta bien cerrada.
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