Apartó cuidadosamente, con su mano, los mechones de cabello castaño que cubrían sus ojos y parte de su cara. Se perdió por momentos en sus ojos almendrados que lo embriagaban, lentamente volvió en sí y sintió como con una mano tocaba suavemente los labios de ella mientras con el brazo la envolvía para acercarla hacia él. Sintió el contorno de su cintura, la tenía tan cerca y su olor envolvía toda la habitación de color ladrillo. Los senos de ella hicieron contacto contra su pecho a la vez que la vio cerrar sus ojos. El acercó sus labios a los de ella y se fundieron en un beso, creyó sentir un dejo de amargura en la dulzura de sus labios pero lo ignoró. Lentamente la desvistió empezando por su polera, seguido de esto él, torpemente, se sacó la suya y la tiró a un lado a la vez que se sacaba sus pantalones mientras ella hacía lo propio con los suyos.
La contempló unos segundos.
-¿Me amas? – preguntó ella.
-Espero que no sea necesario responder eso – contestó algo molesto.
-Tan solo quería saberlo – respondió perpleja.
-Sí, aun lo hago – le dijo mirándola fijamente.
Ella se dio vuelta y caminó hacía la cama. Él caminó detrás de ella y la tomó por la cintura, bruscamente la dio vuelta y la besó. Ella respondió con suavidad.
Con sus manos comenzó a recorrer ese cuerpo maravilloso mientras sentía la lengua de ella hacer contacto con la de él. Bajó por sus senos hasta llegar a la cintura y luego a la cadera donde apoyó sus pulgares, presionó suavemente y luego algo más fuerte. Sintió como la respiración de ella se agitaba y con sutileza la acostó sobre la cama.
-Te amo – dijo ella.
-Ya lo sabía, no digas más – le respondió antes de volver a besarla.
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