¿Y si pudiera cambiar el mundo? – se preguntó mientras caminaba por lo calle vacía. Como tantos días iba sin rumbo, sin razón aparente avanzaba mientras las fachadas de las casas se sucedían una tras otra y nada parecía tener sentido. Ninguna de esas casas le decía algo, ninguna de esas casas era la que buscaba, solo existía una casa a la que quería llegar. Pensaba en tocar a la puerta y saludarla con un beso en los labios mientras la tomaba de a poco por la cintura, luego de eso quería abrazarla y sentir su respiración junto a la suya, disfrutar el aroma de su cabello y que por unos instantes nada más le importara. Quería que fuera suya una vez más, tan solo una vez más tal como lo había sido en un pasado que era tan cercano per ya parecía tan lejano. Y lo peor de todo es que él tenía claro que eso ya era imposible, ella no lo miraba como antes. No podía adivinar esa mirada que deseaba ver que le había dedicado esos ojos perfectos y profundos, esa mirada que había sido de perfecto amor. Conocía la verdad, no veía posible volver a escuchar las palabras que lo habían hipnotizado.
-Toma lo que quieras, todo es tuyo.
-¿Todo es mío? – había respondido incrédulamente.
-Todo.
Aún las recordaba a la perfección. Pero esa calle por la que iba jamás lo conduciría a la casa a la que él quería llegar. Porque su decisión había sido resignarse, pero sin olvidar y por lo mismo, aunque esa casa seguía ahí para él ya no era lo mismo. Podía entrar y salir, como morir y vivir. La amaba, no había duda. Pero ya nada haría, porque era lo mejor. Eso quería creer. No podía cambiar el mundo, el lo sabía, pero diariamente se soñaba teniéndola a su lado para el resto de sus días y maldecía.
0 comentarios:
Publicar un comentario