martes, febrero 02, 2010

Se despertó con la boca algo reseca y dolor de cabeza. Buscó su celular al lado de la cama tanteando con su mano el piso hasta que dio con él y pensó en llamar a Antonia, pero se quedó mirando el techo un rato y desistió de hacerlo, estaba bastante molesto, aunque seguramente se le pasaría pronto, no podía enojarse con ella. Sabía bien que tenía razones más que suficientes para hacerlo, pero cuando la viera ninguna ocuparía su cabeza, quizás haría como si estuviese enojado no estándolo en la realidad. En ese estado no podía ir a verla.

Se fue a duchar, pasó mucho rato, el agua lo relajaba. No podía quedarse ahí todo el día. Así que salió y se vistió. Hizo su cama y se sentó sobre ella cuando terminó. No tenía mucha hambre, solo se preparó un café bien cargado para intentar recuperarse un poco. Se bebió el café pensando una y otra vez en las conversaciones del día anterior, pensaba que quizás debería haber sido un poco más duro pero tampoco habría podido, terminó el café y aún no tenía ganas de salir, pero no le quedaba nada por hacer. Salió dejando la puerta bien cerrada.

Caminó lentamente por la calle en dirección a la casa de Antonia, aunque no estaba seguro si tendría la fuerza para entrar. Siguió caminando por la calle, no quería apurarse, en realidad no tenía porque apurarse. Miraba a la gente y deseaba adivinar sus pensamientos, deseaba entender a las personas, pero nada de eso era posible. Y como no podía, aún no lograba entender lo que Antonia había hecho, ni porque lo había hecho, sus niveles de molestia eran altos en ese momento. Pateó un basurero, pero le fue peor a él que quedó con un pie adolorido.

Cuando llegó afuera de la casa se quedo mirándola un rato, era una casa de un piso, con poco antejardín, no tenía rejas, tampoco timbre así que había que tocar directamente a la puerta. Trato de mirar por la ventana, pero no vio nada. Se acercó lentamente a la puerta y se quedó ahí quieto sin fuerzas para tocar a la puerta. Pasaron un par de segundos y se dio vuelta para irse, sintió algo de movimiento pero lo ignoró y se fue caminando, ahora más rápidamente, hacia su casa.

Por la ventana de la casa estaba asomada Antonia, desde ahí vio a Andrés irse sin tocar.

lunes, febrero 01, 2010

Tomó su celular y llamó a Antonia.

- Anto, ¿Cómo estás?
- Muy bien, despertando hace poco, ¿y tú?
- Bien también, echado en mi cama hablando contigo.
- Asumo que estas relajado entonces, y ¿Para qué me llamas?
- Quería saber si tenías algo que hacer hoy en la noche.
- No, no tengo nada que hacer, ¿por qué la pregunta?
- Porque quiero invitarte a que hagamos algo, en realidad a ir al cine.
- Andrés, ¿tu invitándome a salir?, esto es nuevo.
- Siempre hay una primera vez para todo.
- Bueno, entonces te diré que si, salgamos, ¿Cómo a qué hora sería?
- Te paso a buscar a eso de las siete a tu casa y ahí vamos al cine a una función a las ocho y media.
- Ya, me parece estupenda la idea, entonces al cine se ha dicho.
- Que bueno que te agradó la idea, no vemos a la tarde entonces.
- Nos vemos, que estés bien. Un beso.
- Otro para ti, chao.

Cuando cortó aún temblaba un poco, seguía nervioso por lo que acababa de hacer, pero al menos esta vez había podido juntar la fuerza para hacerlo, estaba realmente muy feliz, iba a salir con Anto, aunque fuera solo un rato, aunque fuera solo al cine. Sabía que le gustaría llevarla a otros lugares mejores y más entretenidos, pero sus medios no se lo permitían de momento. Quizás más adelante si lo lograría, pero todo debía empezar por esta salida que tenía que ser perfecta. Arregló la ropa con la que saldría en la tarde y la dejó prolijamente ordenada sobre la silla de su dormitorio. Ese día se baño por lo menos unas tres veces, todo tenía que ser perfecto. Trato de dormitar un poco para descansar, aunque no lo logró muy bien, hace tiempo que esperaba este momento y no podía dormir.

Almorzó un poco de pollo con arroz, con algo de bebida que le quedaba en el refrigerador, y de postre comió una manzana. Leyó un poco luego para matar el día. La hora de la salida se iba acercando y él se ponía más nervioso con el pasar de las horas.

A eso de las seis de la tarde cuando ya se terminaba de vestir para salir, sonó su celular, era Antonia y el corazón se le encogió, porque en ese momento presintió que algo malo ocurriría. Contestó.

- Aló, ¿Andrés?
- Sí, Anto dime.
- Te tengo una mala noticia, no podré salir contigo hoy, tengo que estar donde Juan a las siete.
- ¿Tienes que estar donde Juan?, pero si dijiste que no tenías nada que hacer hoy.
- Así era, pero surgió esto.
- ¿Surgió esto?, y esto… ¿surgió antes o después de programar nuestra salida?
- Después.
- Entonces debiste haber dicho no.
- Pero bueno, dije sí, yo no te pregunto qué opinas, te estoy avisando que no podré salir contigo porque voy a salir con Juan hoy.
- Ya… ¿y qué harán?
- Vamos a ir al cine-
- Muy bien, excelente me parece entonces, que te vaya muy bien en el cine con Juan, que ya me doy cuenta que es más importante que yo, porque te hizo cambiar algo que habías programado antes conmigo.
- Pero, es que espero que entiendas Andrés.
- ¿Entender… que dejaste lo que nosotros habíamos programado antes por él?, no me pidas que entienda eso, porque no puedo, la única razón es que él es más importante que yo, o qué prefieres su compañía a la mía, que se yo. Es lo que hay Antonia, no voy a entender, lo siento.
- Bueno entonces no tenemos nada más que hablar.
Y luego de eso se cortó la llamada.

Andrés tiró su celular contra la pared. Los ojos se le llenaban de lágrimas pero se contuvo. Patío la silla con toda su fuerza y salió de su habitación azotando la puerta de entrada. 

Caminó por las calles buscando algún bar, entró al primero que encontró. Se sentó en un rincón y pidió una cerveza. Así se fueron sucediendo una tras otra. Cuando miró su reloj ya eran la una de la mañana. Pensó en llamar a Antonia, pero no tenia su celular, recordó que lo había lanzado contra la pared. Pagó y se levantó. Como pudo llegó a su casa, aunque ciertamente no recordaba cómo. Al entrar recogió su celular del piso. Estaba prendido y no había una sola llamada perdida. Se tiró sobre su cama con ropa y todo. Y así durmió.

martes, enero 26, 2010

Agitado tocó a la puerta de la casa de Antonia.
- Andrés, no me avisaste ni nada…yo…
- Lo siento tuve que venir, porque simplemente ya no aguanto ni un segundo más.
- Ya… asumo que es importante entonces, siéntate.
Pudo ver sobre un silla una mochila que no conocía, pensó en preguntarle de quien era, pero lo dejó y fue al tema que lo había llevado hasta ahí.

- Vine porque tengo algo que decirte, aunque es parecido a lo que te he dicho antes, pero bueno aquí voy – tomó un poco de aire y prosiguió – Pienso en ti, siempre en cada momento y te extraño constantemente, quiero estar para ti siempre, quiero quedarme contigo en cada momento. Pretendo ser todo para ti, decirte cada día lo bella que estás, consentirte y retarte, quiero ser todo para ti. Y te prometo, yo puedo dejar todo por ti, cada cosa de mi vida, nada me importa, solo tú. Estoy dispuesto a escapar contigo a cualquier lugar. Y… es eso más o menos.
- Andrés, nuevamente lo mismo, era y es solo un juego, yo se que perdí un poco el rumbo, en algún momento, pero creo también que las cosas quedaron claras.
- Quedaron… hasta que tu las volviste a enredar y realmente no se qué pasa contigo, que pasa por tu cabeza y presiento, por tú comportamiento, por lo que me has dicho y hecho, que te pasa algo parecido, y que puede ir más allá de eso que tu llamas jugar. Pero por alguna razón que desconozco porque no te arriesgas conmigo.
- Andrés, no tengo nada que responderte, son suposiciones tuyas.

En ese momento salió una persona del baño, se acercó a Andrés y se presentó.
-Hola, soy Juan un amigo de Anto, tú debes ser Andrés, me han hablado algo de ti.
Andrés hervía por dentro Antonia estaba con otra persona en la casa, no le había dicho nada y además el tipo se había atrevido a llamarla Anto.

- Me voy Anto, cuídate mucho – dijo Juan dándole un fuerte beso en la mejilla.
- Tu también – le respondió Antonia sonrojándose un poco.

Cuando Juan ya se había ido, Andrés interrogó a Antonia.
- ¿Quién es él?
- Se llama Juan, se presentó educadamente, totalmente al contrario de lo que hiciste tu que ni siquiera lo saludaste.
- ¿Y de donde salió?
- Un amigo antiguo que volvió.
- ¿Solo un amigo?, para mí que es algo más que eso.
- Ya me conoces, solo un juego.
- Tus ojos dicen otra cosa y los de él también. Y con tus ojos no me equivoco.
- Es solo eso Andrés.
- Me pareces que niegas lo obvio. Y esto me explica muchas cosas.
- ¿Te explica muchas cosas?
- Sí, de tu comportamiento últimamente, por eso estás más desaparecida, algo más distante y ya no eres igual hacia mí.
- ¿Ya no soy igual?, soy la de siempre.
- Yo creo que no, te noto distinta.
- ¿Qué cosas notas?
- ¿Acaso te tengo que explicar lo que tú haces?
- Prácticamente me acusas de algo, es lo mínimo.
- Sabes que Antonia, me aburrí, me voy, hoy no hay nada más que hablar contigo, ya te dije lo que pasaba y ahora me encuentro con esto, es suficiente.
- No puedes cortar la conversación así.
- ¿No puedo?...
Andrés se paró y caminó hacia la puerta, miró a Antonia que aún estaba sentada en el sofá y le hizo un gesto con la mano para despedirse, salió y cerró la puerta. Sabía que esto le traería muchos problemas, pero hoy no podía soportar más. El nombre de este tipo, Juan, rondaba por su cabeza, la mirada de Anto y la verdad que ocultaba tras el supuesto juego también y, por desgracia, comenzaba a odiar.

viernes, enero 15, 2010

Hastiado, cansado y aburrido de todo y de todos. Con ganas de meterme en un burbuja, de no escuchar a nadie, de no estar ahí. Cansado de necesitar y de extrañar. Fastidiado de querer, de amar y de todo. Aburrido de descubrir verdades y crear mentiras. Molesto de pretender estar y no poder. Enfadado de perder importancia, de no saber y, sobretodo, de dejar de ser esencial. Perdiendo toda la calma, volviendo a ser un más del montón. Siendo nada y nada más. Dejando tú vida, tú dejando la mía. Ya no estando más. Lleno de temores y malos sueños. Vislumbrando un mal futuro. Odiando odiar como lo hago. Harto de esta usencia que no elegí, a la que tú me confinaste por lo nuevo y quizás mejor.

martes, enero 12, 2010

Antonia dormía sobre su cama y él en el piso en un saco de dormir. Ella lo había ido a ver muy tarde y había preferido quedarse ahí en vez de devolverse a su casa de noche, no era la primera vez que lo hacía y además estaba consciente de que Andrés le ofrecería su cama, que ella le diría que no, pero que finalmente terminaría aceptando y sabía también que le gustaba quedarse. Comieron unos fideos con salsa de sobre que el mismo Andrés preparó, no eran una maravilla, pero aunque no era muy bueno cocinando a Anto le encantaba que lo hiciera para ella, tomaron también una copa de vino, en caja por cierto, no había dinero para más, pero lo importante era compartirlo y no a calidad. De postre hubo una fruta. Luego de eso se tiraron sobre la cama a conversar de todo un poco. Andrés se apoyó en el muro contra el que se apoyaba la cama y Antonia se recostó sobre su pecho, el se dedicó a acariciar su cabello, admirarla y disfrutarla, mientras ella le tomaba una mano. Siguieron conversando, de nada, tan solo disfrutando el momento, porque esos momentos ya eran pocos. Antonia se fue a cambiar al baño, poniéndose un buzo y polera de Andrés y luego se acostó. Andrés estiró el saco de dormir en el piso y se sacó los pantalones tirándolos sobre una silla y luego se metió en el saco. Anto estiró su mano y a tomó, así se quedaron dormidos. En la noche Andrés se despertó de golpe, era Antonia que lo estaba moviendo.

-¿Qué pasa?
-No puedo dormir – le contestó ella.
-¿Ya y que puedo hacer yo?
-Duerme conmigo, para que me cuides.
-Posiblemente eso no ayude, pero bueno.

Andrés se pasó su propia cama, pero en que por esa noche le pertenecía a Antonia, ella se dio vuelta y quedaron frente a frente. Él le dio un beso en la mejilla.

-Te amo Andrés.
-Ya lo sé, yo también.

Antonia se dio vuelta y él la abrazó. De esa forma se quedaron dormidos.

sábado, enero 09, 2010

Tú me ayudas a marchar fuera de la oscuridad, hoy no necesito más.

jueves, diciembre 31, 2009

Hoy extraño cada centímetro de tu cuerpo como no lo había hecho nunca. También puedo recordar cómo es cada rincón de él y ciertamente me agrada su reminiscencia. No pretendo olvidarlo, ni tampoco reemplazarlo (porque es imposible) Eres el mejor recuerdo y espero que dejes de ser tan solo eso. Mía una vez más.
 


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