Se despertó con la boca algo reseca y dolor de cabeza. Buscó su celular al lado de la cama tanteando con su mano el piso hasta que dio con él y pensó en llamar a Antonia, pero se quedó mirando el techo un rato y desistió de hacerlo, estaba bastante molesto, aunque seguramente se le pasaría pronto, no podía enojarse con ella. Sabía bien que tenía razones más que suficientes para hacerlo, pero cuando la viera ninguna ocuparía su cabeza, quizás haría como si estuviese enojado no estándolo en la realidad. En ese estado no podía ir a verla.
Se fue a duchar, pasó mucho rato, el agua lo relajaba. No podía quedarse ahí todo el día. Así que salió y se vistió. Hizo su cama y se sentó sobre ella cuando terminó. No tenía mucha hambre, solo se preparó un café bien cargado para intentar recuperarse un poco. Se bebió el café pensando una y otra vez en las conversaciones del día anterior, pensaba que quizás debería haber sido un poco más duro pero tampoco habría podido, terminó el café y aún no tenía ganas de salir, pero no le quedaba nada por hacer. Salió dejando la puerta bien cerrada.
Caminó lentamente por la calle en dirección a la casa de Antonia, aunque no estaba seguro si tendría la fuerza para entrar. Siguió caminando por la calle, no quería apurarse, en realidad no tenía porque apurarse. Miraba a la gente y deseaba adivinar sus pensamientos, deseaba entender a las personas, pero nada de eso era posible. Y como no podía, aún no lograba entender lo que Antonia había hecho, ni porque lo había hecho, sus niveles de molestia eran altos en ese momento. Pateó un basurero, pero le fue peor a él que quedó con un pie adolorido.
Cuando llegó afuera de la casa se quedo mirándola un rato, era una casa de un piso, con poco antejardín, no tenía rejas, tampoco timbre así que había que tocar directamente a la puerta. Trato de mirar por la ventana, pero no vio nada. Se acercó lentamente a la puerta y se quedó ahí quieto sin fuerzas para tocar a la puerta. Pasaron un par de segundos y se dio vuelta para irse, sintió algo de movimiento pero lo ignoró y se fue caminando, ahora más rápidamente, hacia su casa.
Por la ventana de la casa estaba asomada Antonia, desde ahí vio a Andrés irse sin tocar.

